Por desgracia la historia de Gustavo no ha terminado en un final feliz. Tanto para él como para Ignacio las cosas no funcionaron, Ignacio, recién abriendo los ojos al mundo gay deseaba experimentar todo lo que tuviera a su alcance. Por esa misma razón Gustavo lo ha dejado ir, le ha dicho que cuando él ya se sienta capaz de establecer algo más seguro le llame. Gustavo se apresuró al creer que había olvidado Andrés y por esa misma razón se creyó estar nuevamente enamorado de un ser del pasado, el cual fue su amor platónico hasta hace unos meses atrás.
Nuevamente solo en su departamento opta por conectarse a la red social y buscar a Andrés. Al encontrarlo le surgen unas ganas incontrolables de llamarlo, de ir a su casa y visitarlo para saber cómo está. Luego de unos segundos y buscando más información se da cuenta de que Andrés ya no vive en el país. Ha tomado un rumbo distinto optando por una beca en Inglaterra, la cual alguna vez le mencionó cuando estaban juntos. Mirando sus imágenes publicadas logra apreciar el peso de sus dichos en el pasado. Además se da cuenta que está con alguien más, es un Chileno que justamente conoció en su viaje, aparentemente son pareja y se llevan muy bien.
Por lo mismo se da cuenta de que el tiempo ha pasado, y él se ha quedado estancado. Dejando de lado su misma vida amorosa y su trabajo. Por lo que decide realizar un viaje de tipo escapatorio. Por lo que tomará sus cosas y se echará a volar a sus tierras en el sur del país. Por lo que aprovecha su estancia en la red para comprar en línea un pasaje de avión en el siguiente vuelo, el cual sale en tres horas más. Rápidamente arregla su bolso con lo indispensable para él: ropa interior, artículos de aseo, su reproductor de música, celular, cámara y computador, además de un abrigo. Antes de bajar llama a un taxi para que lo lleve al aeropuerto y al conserje para avisarle su ausencia en el departamento.
Al momento de abordar el taxi y darle las indicaciones al chofer enciende su reproductor de música. Mientras busca en un tema el chofer trata de conversar con Gustavo, pero éste no presta atención y sigue en su quehacer. Finalmente encuentra el tema en cuestión: “Resistance, Muse” al subir el volumen al máximo en sus audífonos comienza el registro fotográfico que ha de llevar en esta travesía. Mientras ve pasar algunos de los automóviles que vienen en sentido contrario toma cada imagen que le llama la atención. Juega con el lente y la apertura de su cámara. Son cerca de las cinco de la mañana y no habita casi ningún alma las calles de su ciudad. Al llegar al aeropuerto y luego de pagar al chofer, camina lentamente hacia la sala principal. Después de registrarse y dejar su bolso se dirige a la sala de embarque. Está por amanecer y anuncian la salida de su vuelo. Una vez en el avión aprecia que son muy pocos los pasajeros que viajan a esa hora, por lo que se acomoda bien en su asiento esperando que nadie vaya a su costado e interrumpa su momento.
Ya en el aire y con las señales de cinturones de seguridad apagada, la tripulación comienza el ajetreo por realizar los servicios de desayuno. Mientras disfruta del paisaje, Gustavo lo toma como si fuera su cena. Su problema con el sueño aún no se ha resuelto, ni si quiera con medicación. Por lo que tratará de mantenerse despierto el resto de la mañana para poder dormir aunque sea un poco a la noche que le seguirá. El vuelo se hace más corto de lo esperado. Es el último en descender del avión, y antes de hacerlo le solicita a una de las auxiliares sacarle una foto. Luego de esto, dirige sus pasos a la correa transportadora para retirar su equipaje. Una vez ahí decide arrendar una camioneta para poder ir a sus tierras.
El hecho de no avisarle a nadie toma a todos los suyos por sorpresa. Su patrón ha llegado de la capital y de inmediato preparan su habitación para recibirlo. Una de sus criadas favoritas, es la encargada de coordinar todo. Es una mujer de pelo largo y cano, de contextura gruesa, de piel blanca y mejillas ruborizadas. Usa una falda oscura, blusa a cuadros, delantal floreado y un pañuelo que cubre su cabello. Justamente ésta mujer es una de las que más conoce a Gustavo, por lo que después de dar las indicaciones le toma el mentón y lo mira a los ojos. Es ella quién lo abraza con toda su voluptuosa imagen, a lo que Gustavo no puede negarse. Mercedes lo vuelve a mirar y sin siquiera saludarlo le toma la mano y lo dirige a su cocina. Rápidamente sirve una taza con té, prepara un trozo de pan amasado con queso fresco hecho por ella misma. Al dejar esto en la mesa Gustavo se sienta y comienza a comer con ansias hasta acabar toda la merienda. Mercedes nuevamente lo toma de la mano y lo lleva a su alcoba, la cual ya se encuentra lista para recibirlo. Gustavo se desprende de sus zapatos y se tiende en la cama para que Mercedes lo cubra con las frazadas y le de un beso en la frente, para luego retirarse dejando la puerta cerrada.
Después de dos horas Mercedes nuevamente ingresa a la habitación junto con una bandeja, es el almuerzo, una rica cazuela de campo, nada comprado en el supermercado, por el contrario, todo sacado de su mismo campo. Detrás de Mercedes viene acompañándola un perro, es pequeño, de mechas tiesas. Al entrar se dirige directo hacia los pies de la cama. Su nombre es “Tarzán”. Gustavo al despertar y verlo se le llena la cara de luminosidad. Mercedes le entrega la bandeja y acerca una silla para emitir sus primeras palabras a Gustavo: “Coma no más mijito, está muy facuchento y ojeroso” Gustavo le toma la mano y la dirige a su rostro para luego besarla y emitir su respuesta: “Eso me pasa porque no tengo a una como tú en la capital” ambos ríen un momento y después de una larga conversación se dirigen hacia los establos para ver a los animales.
Bienvenidos
Espero que les gusten las historias.
Dejen su marca una vez leidas.
martes, mayo 04, 2010
miércoles, abril 07, 2010
Capítulo 15: Esperanza.
Al despertar me encuentro con compañía, lo cual era muy poco habitual. Es Ignacio. Reaccionando bien del letargo, me doy cuenta de que me tiene tomado con uno de sus brazos. La sensación es extraña, pero agradable. Al tratar me moverme me toma con fuerza para que no me escape de su atadura. Por lo que me quedo quieto y vuelvo a cerrar mis ojos. De pronto escucho su voz: “Al fin despertaste” por lo que respondo con una afirmativa. Pregunto: ¿Qué hora es? A lo que me responde con un: “¿Qué importa? Eso me da lo mismo, y mucho más ahora que estoy contigo”. Trago en seco y lo miro a los ojos con cierta cara de preocupación y duda. Por lo que me suelta de sus amarras y me deja ir. Voy al baño y me pregunto si algo anda mal con esta imagen.
Ignacio tiene una hija y su mujer, bueno, mas bien “tenía”. Me lavo la cara y los dientes, luego me dirijo a la cocina. Desde ahí le pregunto si tiene hambre y si desea comer alguna cosa... pero no hay respuesta de su parte. Por lo que preparo algo sencillo: unos panes con jamón y un litro de jugo de duraznos. Tomo todo en una bandeja y los llevo a mi habitación. No me había dado cuenta de que estaba sólo en pantalones. ¿En qué momento se ha sacado su camisa? Hago caso omiso a eso y le ofrezco lo que llevaba de comer. Rápidamente se incorpora y empieza a desayunar. Enciendo la televisión y el dejo en el canal que estaba, unos de esos culturales o de historia de la humanidad, no lo recuerdo bien. Pero de pronto le pregunto que hace haciendo viendo ese canal para ancianos, por lo que tomo el control remoto y lo cambio. He escogido un canal infantil. Estaban dando “Las sombrías aventuras de Billy y Mandy” le confieso que soy uno de sus admiradores, a lo que él asiente con una positiva, ya que esos dibujos los veía con su bebe cuando se quedaban solos en casa. Después de comer dejo la bandeja a un costado y retiro las migas que han quedado entre las sábanas. Luego de unos instantes, al acomodarme nuevamente en la cama Ignacio me toma nuevamente por la cintura y se acomoda su cabeza sobre mi pecho, quedándose tan quieto como una estatua de mármol.
Han pasado más de cuarenta y cinco minutos y sigo pensando que es lo que le sucede. De pronto levanta su cabeza y me queda mirando a los ojos, acercándose rápidamente hacia mi rostro besándome los labios. Al reaccionar me doy cuenta de que mis pupilas están dilatadas, mi pulso ha aumentado y de que todos mis sentidos se han alertado, al igual que cuando uno tiene miedo. Justamente eso es lo que siento en estos momentos. Nunca me lo hubiera imaginado. ¡Ignacio ha tomado ventaja y me ha besado! Eso es lo que he deseado desde que lo he visto por primera vez en la universidad. Aquellas fantasías que experimentaba, cuando se iba después de realizar algún trabajo juntos en la casa de algún otro compañero en la cual teníamos que dormir juntos para poder pasar la noche luego de acabada la maqueta o bosquejo. Todas esas pajas en las cuales lo veía tocándome, besándome o hasta penetrándome se podían hacer realidad en este preciso momento.
Es verdad, correspondo aquel beso, pero luego de unos segundos alejo mi cabeza de Ignacio, pero el se acerca aún más. Toma mi mentón con una de sus manos y me vuelve a besar por lo que realmente de doy cuenta de que yo no he provocado esa situación. Sus besos son intensos. Me hace recordar a Andrés, pero no es lo mismo. Siento algo más de pasión oculta en sus actos, por lo que me dejo llevar por aquel instinto animal que tenía dormido hace bastante tiempo, o por qué no decirlo, desde la última vez que estuve con Andrés.
Me toma por sorpresa. Su erección es imponente, nada que no haya sentido antes. Realmente me desconcierta su actitud, pero a esta altura me da lo mismo, muerdo sus labios y responde con la misma o hasta una mayor intensidad en su acto. Mientras me acaricia se despoja de su pantalón y logro apreciar sus piernas, nuevamente cierro mis ojos. Siento como sus manos recorren mi cuerpo. Ignacio decide dejar mi boca y se apronta a mi cuello y pecho. Acaricio su cabello y espalda con mis manos, mientras se mueve de placer besando mi abdomen y bajando cada vez más hasta llegar a mi entrepierna. Le he tomado por el cuello con mis manos y lo he alzado nuevamente hasta dejarlo frente a mi rostro, por lo que se monta sobre mí, moviendo su pelvis con mesura. De pronto ágilmente logra arrancar mi camisa con sus manos dejando expuesto mi torso a su vista. Mientras mis manos tocan su espalda y vientre me es imposible no seguir acariciando sus nalgas y sexo, por lo que lo tomo y lo tumbo en la cama desgarrando su ropa interior de un solo movimiento. Ignacio se sigue moviendo, pero esta vez con mayor intensidad al sentir mi lengua acariciar tu pecho y parte de su espalda. De pronto nos vemos envueltos en una maraña de movimientos involuntarios que son terriblemente acordes a esa situación. Por lo que me doy cuenta de que es momento de actuar con todo el arsenal. Mientras me sigue besando y tocando estiro una de mis manos para sacar uno de los condones que están el mi velador. Al darse cuenta de esto, Ignacio me besa con mayor intensidad por lo que decido deponer mis movimientos.
Le he tomado con mis manos su cuello indicándole que se detenga mirándole a los ojos y haciendo un movimiento con mis labios, a lo que él se niega aumentando nuevamente sus movimientos de cadera por lo que decido actuar rápido tomándolo por la cintura y quitándolo de mi bulto con un movimiento fugaz. Es demasiado seguro de su propio accionar ante mí. Estira su brazo y busca el condón que he dejado hace unos segundos, por lo que tomo sus manos entrelazando nuestros dedos y haciéndolos hacia nuestros pechos. Nuevamente lo vuelvo a mirar y lo beso apasionadamente introduciendo mi lengua en su boca y finalmente mordiendo sus labios indicando el fin del beso, por lo que me queda mirando y refugiando y cabeza en mi pecho entendiendo lo sucedido.
Mientras toca una de mis orejas con uno de sus dedos, sigue acariciándome las mejillas, me mira a los ojos y de pronto lanza unas palabras: “¿Porqué no hemos hecho esto antes?” a lo que respondo con un simple: “No lo sé, pero siempre lo quise” por lo que se aferra aún más a mi cuerpo, que, a esa hora ya hace desnudo junto al de él. Mientras toco su espalda con movimientos circulares él araña mi abdomen en señal de no haber querido detenerse.
Después de diez minutos de no emitir comentarios el televisor sigue encendido. Siento como mis ojos comienzan a pesar quedándome traspuesto a las sensaciones que recorren mi cuerpo. De pronto siento como Ignacio se levanta dirigiéndose hacia el pasillo. Por lo que logro captar va caminando desnudo hacia la cocina, le miro por unos instantes. Al despertar nuevamente lo veo llegar con otra bandeja. En ella trae el almuerzo, pero para mi es solo el desayuno. Son más de la una de la tarde y para el común de la gente a esa hora deben comer. Es algo sencillo: un poco de spaghetti con un trozo de carne a la plancha y un jugo que mantenía en el refrigerador. Me incorporo en la cama y trato de vestirme. Ignacio me quita la ropa de las manos y la lanza lejos diciendo: “Si no vives con nadie más, atrévete a ser tu mismo, tal como lo he sido yo en estos momentos”. Quedo sorprendido por sus palabras por lo único que hago es recibir la bandeja con comida.
Después de comer y confesarme de lo que se ha dado cuenta, le abraso fuertemente, besándole la frete en señal paternal, rápidamente me vuelve a besar los labios, pero esta vez tomo cada uno de sus besos con mayor aceptación. De pronto le miro a le digo: “Por favor, quédate conmigo, por lo menos esta tarde. ¡Por favor Quédate conmigo!, No me hace bien estar solo. Sé que eso tú lo sabes muy bien. Sé que no me hace bien estar solo, y mucho menos ahora sabiendo que te tengo junto a mi, que ¡finalmente te tengo junto a mi! Aunque sea lo que queda del día, no me dejes solo. Es difícil despertar cada día no teniéndote a mi lado. Aunque sea lo que queda del día, no me dejes solo en este lugar que he construido con lo frío y oscuro de mi alma y de mi corazón” Ignacio ha quedado mirándome y sin decir una sola palabra me abraza fuertemente con sus brazos fornidos acercándome a su pecho y besando mi cuello. Luego de unos minutos sin sentir nada más que nuestra respiración me susurra al oído: “El aire de tu boca me corta el alma en mil trozos. ¡Yo que tú no debería confiaría!.. Ya que... tú olor ¡me vuelve loco! Hace encender mi flama. La cual se encontraba asfixiada, pero tú la vuelves a encenderla, haciendo hervir nuevamente mi sangre, al punto de desviarme de los mil caminos he había elegido, tomando solo uno... y ese eres tú”.
Ignacio tiene una hija y su mujer, bueno, mas bien “tenía”. Me lavo la cara y los dientes, luego me dirijo a la cocina. Desde ahí le pregunto si tiene hambre y si desea comer alguna cosa... pero no hay respuesta de su parte. Por lo que preparo algo sencillo: unos panes con jamón y un litro de jugo de duraznos. Tomo todo en una bandeja y los llevo a mi habitación. No me había dado cuenta de que estaba sólo en pantalones. ¿En qué momento se ha sacado su camisa? Hago caso omiso a eso y le ofrezco lo que llevaba de comer. Rápidamente se incorpora y empieza a desayunar. Enciendo la televisión y el dejo en el canal que estaba, unos de esos culturales o de historia de la humanidad, no lo recuerdo bien. Pero de pronto le pregunto que hace haciendo viendo ese canal para ancianos, por lo que tomo el control remoto y lo cambio. He escogido un canal infantil. Estaban dando “Las sombrías aventuras de Billy y Mandy” le confieso que soy uno de sus admiradores, a lo que él asiente con una positiva, ya que esos dibujos los veía con su bebe cuando se quedaban solos en casa. Después de comer dejo la bandeja a un costado y retiro las migas que han quedado entre las sábanas. Luego de unos instantes, al acomodarme nuevamente en la cama Ignacio me toma nuevamente por la cintura y se acomoda su cabeza sobre mi pecho, quedándose tan quieto como una estatua de mármol.
Han pasado más de cuarenta y cinco minutos y sigo pensando que es lo que le sucede. De pronto levanta su cabeza y me queda mirando a los ojos, acercándose rápidamente hacia mi rostro besándome los labios. Al reaccionar me doy cuenta de que mis pupilas están dilatadas, mi pulso ha aumentado y de que todos mis sentidos se han alertado, al igual que cuando uno tiene miedo. Justamente eso es lo que siento en estos momentos. Nunca me lo hubiera imaginado. ¡Ignacio ha tomado ventaja y me ha besado! Eso es lo que he deseado desde que lo he visto por primera vez en la universidad. Aquellas fantasías que experimentaba, cuando se iba después de realizar algún trabajo juntos en la casa de algún otro compañero en la cual teníamos que dormir juntos para poder pasar la noche luego de acabada la maqueta o bosquejo. Todas esas pajas en las cuales lo veía tocándome, besándome o hasta penetrándome se podían hacer realidad en este preciso momento.
Es verdad, correspondo aquel beso, pero luego de unos segundos alejo mi cabeza de Ignacio, pero el se acerca aún más. Toma mi mentón con una de sus manos y me vuelve a besar por lo que realmente de doy cuenta de que yo no he provocado esa situación. Sus besos son intensos. Me hace recordar a Andrés, pero no es lo mismo. Siento algo más de pasión oculta en sus actos, por lo que me dejo llevar por aquel instinto animal que tenía dormido hace bastante tiempo, o por qué no decirlo, desde la última vez que estuve con Andrés.
Me toma por sorpresa. Su erección es imponente, nada que no haya sentido antes. Realmente me desconcierta su actitud, pero a esta altura me da lo mismo, muerdo sus labios y responde con la misma o hasta una mayor intensidad en su acto. Mientras me acaricia se despoja de su pantalón y logro apreciar sus piernas, nuevamente cierro mis ojos. Siento como sus manos recorren mi cuerpo. Ignacio decide dejar mi boca y se apronta a mi cuello y pecho. Acaricio su cabello y espalda con mis manos, mientras se mueve de placer besando mi abdomen y bajando cada vez más hasta llegar a mi entrepierna. Le he tomado por el cuello con mis manos y lo he alzado nuevamente hasta dejarlo frente a mi rostro, por lo que se monta sobre mí, moviendo su pelvis con mesura. De pronto ágilmente logra arrancar mi camisa con sus manos dejando expuesto mi torso a su vista. Mientras mis manos tocan su espalda y vientre me es imposible no seguir acariciando sus nalgas y sexo, por lo que lo tomo y lo tumbo en la cama desgarrando su ropa interior de un solo movimiento. Ignacio se sigue moviendo, pero esta vez con mayor intensidad al sentir mi lengua acariciar tu pecho y parte de su espalda. De pronto nos vemos envueltos en una maraña de movimientos involuntarios que son terriblemente acordes a esa situación. Por lo que me doy cuenta de que es momento de actuar con todo el arsenal. Mientras me sigue besando y tocando estiro una de mis manos para sacar uno de los condones que están el mi velador. Al darse cuenta de esto, Ignacio me besa con mayor intensidad por lo que decido deponer mis movimientos.
Le he tomado con mis manos su cuello indicándole que se detenga mirándole a los ojos y haciendo un movimiento con mis labios, a lo que él se niega aumentando nuevamente sus movimientos de cadera por lo que decido actuar rápido tomándolo por la cintura y quitándolo de mi bulto con un movimiento fugaz. Es demasiado seguro de su propio accionar ante mí. Estira su brazo y busca el condón que he dejado hace unos segundos, por lo que tomo sus manos entrelazando nuestros dedos y haciéndolos hacia nuestros pechos. Nuevamente lo vuelvo a mirar y lo beso apasionadamente introduciendo mi lengua en su boca y finalmente mordiendo sus labios indicando el fin del beso, por lo que me queda mirando y refugiando y cabeza en mi pecho entendiendo lo sucedido.
Mientras toca una de mis orejas con uno de sus dedos, sigue acariciándome las mejillas, me mira a los ojos y de pronto lanza unas palabras: “¿Porqué no hemos hecho esto antes?” a lo que respondo con un simple: “No lo sé, pero siempre lo quise” por lo que se aferra aún más a mi cuerpo, que, a esa hora ya hace desnudo junto al de él. Mientras toco su espalda con movimientos circulares él araña mi abdomen en señal de no haber querido detenerse.
Después de diez minutos de no emitir comentarios el televisor sigue encendido. Siento como mis ojos comienzan a pesar quedándome traspuesto a las sensaciones que recorren mi cuerpo. De pronto siento como Ignacio se levanta dirigiéndose hacia el pasillo. Por lo que logro captar va caminando desnudo hacia la cocina, le miro por unos instantes. Al despertar nuevamente lo veo llegar con otra bandeja. En ella trae el almuerzo, pero para mi es solo el desayuno. Son más de la una de la tarde y para el común de la gente a esa hora deben comer. Es algo sencillo: un poco de spaghetti con un trozo de carne a la plancha y un jugo que mantenía en el refrigerador. Me incorporo en la cama y trato de vestirme. Ignacio me quita la ropa de las manos y la lanza lejos diciendo: “Si no vives con nadie más, atrévete a ser tu mismo, tal como lo he sido yo en estos momentos”. Quedo sorprendido por sus palabras por lo único que hago es recibir la bandeja con comida.
Después de comer y confesarme de lo que se ha dado cuenta, le abraso fuertemente, besándole la frete en señal paternal, rápidamente me vuelve a besar los labios, pero esta vez tomo cada uno de sus besos con mayor aceptación. De pronto le miro a le digo: “Por favor, quédate conmigo, por lo menos esta tarde. ¡Por favor Quédate conmigo!, No me hace bien estar solo. Sé que eso tú lo sabes muy bien. Sé que no me hace bien estar solo, y mucho menos ahora sabiendo que te tengo junto a mi, que ¡finalmente te tengo junto a mi! Aunque sea lo que queda del día, no me dejes solo. Es difícil despertar cada día no teniéndote a mi lado. Aunque sea lo que queda del día, no me dejes solo en este lugar que he construido con lo frío y oscuro de mi alma y de mi corazón” Ignacio ha quedado mirándome y sin decir una sola palabra me abraza fuertemente con sus brazos fornidos acercándome a su pecho y besando mi cuello. Luego de unos minutos sin sentir nada más que nuestra respiración me susurra al oído: “El aire de tu boca me corta el alma en mil trozos. ¡Yo que tú no debería confiaría!.. Ya que... tú olor ¡me vuelve loco! Hace encender mi flama. La cual se encontraba asfixiada, pero tú la vuelves a encenderla, haciendo hervir nuevamente mi sangre, al punto de desviarme de los mil caminos he había elegido, tomando solo uno... y ese eres tú”.
miércoles, noviembre 18, 2009
Capítulo 14: Junta.
Abro los ojos, he soñado contigo, aún siento tu aroma. Me siento en la cama, veo la bandeja en el suelo por lo que la voy a dejar a la cocina, ni si quiera sé qué hora es, por lo que tomo mi celular, ya es de tarde, esta oscureciendo y yo recién despertando. Hay una llamada perdida. Ni si quiera escuché que sonara el teléfono. El número me es conocido... es Ignacio, por lo que lo llamo de vuelta. Conversamos un poco me dice que “se juntarán en un par de horas más con los demás compañeros de curso y necesita saber si asistiré” a lo que respondo con una afirmativa. Preparo algo para comer, mienta se cocina el arroz ordeno el cuchitril. Al terminar la comida me ducho y salgo rumbo al encuentro con los demás compañeros. Es en un restaurante de conocida trayectoria. Antes de entrar llamo a Ignacio para saber dónde está. Me dice que a una cuadra, por lo que decido esperarlo. Me saluda y me pregunta “si estoy bien” a Ignacio no lo puedo engañar, él me conoce lo suficiente. Le explico mi problema de sueño, por lo que me recomienda un psicólogo, es amigo de él. Me entrega su tarjeta y entramos al restaurante. Saludo a los demás, sus caras están más arrugadas de lo que imaginé. La gran mayoría ya están casados o tienen hijos, un pequeño porcentaje nos mantenemos como antes. Me siento al lado de Ignacio, es momento de hablar de mi gran problema con el sueño. Luego de un poco de cháchara para recordar las anécdotas que vivimos en la universidad los garzones traen el fuerte de la casa: vinos y tablas de quesos. La mezcla es fantástica, pasan los minutos, ya es tarde y momento de volver a casa. Decido ser el primero en marcharme, me voy caminando. Llevo unas 3 cuadras y el celular vibra, nuevamente es Ignacio, desea que lo espere, me comenta que los jugosos de siempre han empezado a hacer su show pobre y no desea verlo. Me siento en una banca, llega rápidamente, me comenta que no soporta a los demás y que solo rescata a algunos del grupo, pero que como se dejan influenciar por los jugosos decidió marcharse también. Me propone que compremos algo y que vayamos a mi departamento, la idea no es mala por lo que pasamos a una botillería, seguimos con la tónica del vino, son 4 botellas en total. Esta noche será muy larga y de muchos recuerdos. Al entrar en el departamento dejamos las botellas en la mesa, saco unas copas de cristal y el sacacorchos que justamente me regaló Ignacio para uno de mis cumpleaños. Descorchamos la primera botella y hablamos de la vida. Enciendo la música y nos sentamos en el living. Dejamos que los matices del tinto hagan su efecto. Saco un juego de naipes ingleses y mientras revuelvo las cartas Ignacio decide que juguemos al “tele” no lo recordaba, pero ese juego era para pasar el momento cuando teníamos alguna ventana en el horario de clases. Pasan 5 juegos e Ignacio decide hablar de algunas cosas que han quedado pendientes. Me confiesa que ya no está con su mujer, se ha divorciado, lamentablemente no entra en más detalles, sólo que la custodia de su bebé la tiene ella. De pronto se pone de pie y se dirige hacia el equipo de música, revisa los discos y coloca uno: Café del Mar Volumen 4. Ignacio sube el volumen y se vuelve a sentar. Yo lo miro detenidamente, algo más le pasa, no sé que es, pero me doy cuenta por sus ojos. Tomo y alzo la copa: “Salud viejo, por la soltería y por los viejos tiempos” el sonido de las copas se hace presente. Voy camino a la cocina, las botellas vacías ya están estorbando en la mesa por lo que las dejo en el depósito de basura. Al regresar Ignacio no está en el living, lo llamo, peo no responde. Espero que no me haga la que hacia antes: Simplemente desaparecer del lugar. Golpeo la puerta del baño de invitados... no hay respuesta. Lo llamo a su celular, por lo menos el sonido es dentro del departamento, camino en busca de él, está en mi habitación tirado sobre la cama muerto de curado. Le saco los zapatos y el cinturón, nuevamente de acuerdo de la ciudad X cuando estaba con Andrés. Yo hago lo mismo, me quito los zapatos, el cinturón y los artilugios varios con los que ando en los bolsillos, los dejo en el velador. Mientras me acuesto en la cama Ignacio se acomoda de lado, escucho un balbuceo que no logro entender muy bien. Apago la luz e Ignacio sigue hablando en clave de curado. Me acomodo para poder dormir y de repente Ignacio levanta la cabeza y dice: “Gracias por escucharme” le respondo con un “De nada, gracias a ti por confiar en mí, ahora duérmete” le doy un beso en la frente y se queda dormido. Por mi parte haré lo mismo, dormir.
domingo, noviembre 08, 2009
Capítulo 13:Insomnio.
Mientras a algunos les queda poco tiempo para comenzar la semana, y este día, yo sigo tratando d quedarme dormido. Ya he escuchado el despertador de los demás habitantes de este sitio. Lentamente los primeros rayos de luz comienzan a invadir el cielo. A esta hora ya no hace tanto frío, pero yo me congelo al saber que estoy nuevamente sólo en la habitación. Los perros ladran y los gallos cantan anunciando que ya es hora de cerrar las cortinas y las ventanas. El bullicio de la ciudad ya ha empezado a entorpecer mi agobiada cabeza, que sigue pensando en los hechos de hace unos momentos atrás. He salido a trotar para despejarme un rato. La música de mi reproductor es la misma de todos los trotes de esta semana... o por lo menos de la semana pasada, ya es lunes. Mientras daba mi paseo nocturno he llegado un poco más lejos. A pesar de no conocer esta ciudad ya se me está haciendo familiar. Me llama la atención que la gente aquí realmente disfruta de las playas. Están iluminadas, debe ser por el verano. Al llegar al balneario me he tirado sobre la arena. Puedo ver como algunas personas se bañan bajo la magia de un cielo despejado y una luna llena que resplandece en todo su ser. Dejo colgando los audífonos sobre mis orejas. El sonido del agua invade mis tímpanos y se cuela hasta mi piel, la que se eriza ante el golpe de las olas. Comienza a sonar “Home – Depeche Mode” inmediatamente vuelvo a su posición uno de los audífonos. Él tema me recuerda la ciudad X, una de las escenas que grabamos para el cortometraje en una estación del tren. Siento un nudo en la garganta, extrañamente deseo volver a casa. Mientras me pongo de pie siento que mi vista se nubla, estoy mareado, bajo la cabeza y respiro más hondo. Trato de caminar rápido. El estómago se me revuelve. El asco que siento aumenta ¿Qué es lo que me está pasado? al respirar más profundo y después de unos minutos la sensación se va. Tomo nuevamente velocidad en mi trote. No hay nadie en las calles, tampoco hay nadie en casa. Estoy solo, sin nadie más a mí alrededor. La energía que he acumulado ya debe haber superado mis límites. Comienzo a correr. Rápido, cada vez más rápido. El pulso acelerado, la respiración cortada. Es poco tiempo el que queda allá afuera ¡debo llegar a casa! Esta energía aún no se disipa, el tiempo está por terminar... he llegado, al fin he llegado. Vuelvo a saludar al conserje, subo por las escaleras. Saco las llaves y abro la puerta, dejo el reproductor sobre la mesa. Mientras camino a mi habitación me saco la ropa y la tiro donde caiga. Enciendo el televisor y me meto a la ducha. El agua está helada. Necesito calmarme. Bajo el chorro frío mi mandíbula tirita haciendo sonar mis dientes, lentamente el letargo me ha anestesiado. Salgo de la ducha estilando, el piso ha quedado mojado. Con las manos en el lavamanos y la cabeza agacha veo como caen las gotas de mi cuerpo. Levanto la mirada, me veo en el espejo, la luz del baño no ayuda mucho para darme cuenta. Sacudo mi mano, apago la luz y me tiro sobre la cama. El aire acondicionado hace que mis manos vuelvan a estar rosadas. La temperatura aumenta nuevamente y el calor termina por secar mi cuerpo. La televisión ofrece muchos canales, pero ninguno de mi interés por lo que la dejo en silencio y enciendo el equipo de música. Por lo general a esta hora la radio Horizonte puede ofrecer algo más, por lo que subo un poco más el volumen. Los habitantes de los departamentos vecinos están de vacaciones, según lo que me ha dicho el conserje, por lo que el piso está solo para mí. Podría hacer una fiesta y nadie reclamaría, lamentablemente no hay nadie a quien invitar a la celebración. Voy a la cocina y preparo una infusión, de esas que aseguran que “Podrás dormir plácidamente” ¡Ja, patrañas! un palo en la cabeza sería mucho más fácil. La hago acompañar por una tostada con mermelada. Deposito todo en una bandeja y vuelvo a mi habitación. Mientras tomo el “Desayuno” pienso y creo que debería ir a algún especialista, esto de vivir de noche no me está haciendo para nada bien. Si viajara a China no tendría problemas con el cambio de horario, lamentablemente estoy en Chile y el próximo viaje a Europa o Asia será en un par de años más. Termino de merendar y dejo la bandeja en el suelo. Nuevamente le doy importancia a la televisión, han comenzado las noticias, esto es lo único que me tiene informado, pero de lo que ha ocurrido el día anterior, por lo que apago el equipo y subo el volumen al TV. La bolsa de valores está en alza, eso dicen en los titulares, esto me conviene, la empresa la tengo un poco botada, que más da, para eso están los asesores, que ellos se encarguen, total si algo malo pasa, deberán llamarme. Los ojos han empezado a pesar, al fin me voy a dormir, mejor apago el televisor y me acuesto bajo el plumón.
miércoles, julio 15, 2009
Capítulo 12: Susto.
Al volver, Andrés enciende la televisión... lo único que hay en la pantalla es un video clip de “Daddy Yankee, Llamado de Emergencia”. Claro está que no le agrada mucho el Reggaeton. Pero a esa hora no dan más en la TV. Las sirenas de la que suenan en el video coinciden con la realidad. A su vez van pasando las ambulancias a buscar a alguna víctima de algún accidente, lo que le hace acordar alguna etapa en su infancia, pero esta vez las sirena suenan más fuerte... algo ha pasado y realmente no sabe bien lo que es, hasta que se da cuenta de que en esas sirenas hay algo. Algo que él cree saber lo que es... son las llamadas que nunca esperó. Hay alguien de los suyos en problemas, pero lamentablemente no sabe quién, por lo que recurre inmediatamente a su celular, por lo que sin pensarlo llama a su madre. Ella contesta de inmediato para confirmar su temor, es uno de sus familiares que ha sufrido un accidente. Las corazonadas que siente Andrés no son frecuentes, pero cuando algo le late es bastante fuerte. Esta capacidad extrasensorial la ha heredado de su abuela materna y es uno de los pocos nietos que la posee. Sin pensarlo se lo dice a Gustavo, lo despierta y él decide llamar a un radio taxi para que los lleve hasta la casa de sus supuestos suegros. Una vez aclarada la situación se dirigen hasta la casa de aquel afectado, no ha muerto, pero está grave. A Andrés le preocupa más la situación de su madre, es su hermano quien ha resultado trágicamente herido en un accidente laboral.
En la casa del tío de Andrés el caos está por doquier, su tía ya se encuentra en el hospital junto a su hijo mayor quien tiene la misma edad de Andrés, pero resto de los hermanos, tres más, solo lloran en cada rincón de la casa, el mas pequeño tiene casi cuatro años y no entiende muy bien la situación, solo ha visto cómo su madre se ha echado a las lagrimas después de una llamada telefónica. Es eso lo que precisamente le ha causado su llanto, el ver a su madre llorar. Algunos vecinos de los afectados también se encuentran en la casa. Ellos hablan con la madre de Andrés para explicarles un poco más la situación, luego de esto rápidamente también se va al hospital para hacerle compañía a su cuñada y sobrino en compañía de su esposo. Gustavo le sugiere a Andrés quedarse en la casa para hacerles compañía a sus primos. Trata de calmarlos llevándolos a la pieza de los juguetes. Es una habitación bastante amplia en la cual los pequeños primos juegan y hacen algunas de sus tareas. Un televisor plasma está incrustado en la pared y debajo de éste hay un Nintendo Wii por lo que le dice a sus primos que jueguen un rato para que esperen alguna noticia de su padre.
Mientras tanto Gustavo hierve un poco de agua en la cocina para servirles un café al resto de los adultos que están en casa. Él ya ha pasado por esta situación en el pasado y ya sabe que hacer en estos momentos. Al llevar la bandeja con las tazas y el agua caliente al comedor los vecinos hablan de sus propias historias cercanas a la muerte. Gustavo escucha con atención las opiniones de cada uno de los vecinos, él no tiene mucho de que hablar con ellos, por lo demás nunca los ha visto en toda su vida y tampoco conoce muy de cerca al tío de Andrés, excepto por algunos comentarios que ha hecho respecto a él. Una vez servidas las tazas nuevamente va a la cocina, ahí lo espera Andrés sentado en uno de los mesones, con los hombros caídos y la mirada perdida en el suelo. Gustavo le levanta el mentón con una de sus manos y le dice: “Tranquilo, todo va a estar bien” justo en ese momento Andrés se larga a llorar en los brazos de Gustavo. Se echa la culpa por tener el don de su abuela y no poder manejar la situación. Mientras Gustavo le soba la espalda y acaricia la cabeza aparece el primo más pequeño en la cocina. Rápidamente la pareja se separa y Andrés salta del mesón al suelo para saber que es lo que necesita el niño. Le dice que tiene sueño y que quiere dormir. No es para menos, ya son más de las tres de la mañana por lo que lo lleva a su habitación, luego de cambiarle arroparlo y asegurarse que está dormido manda a sus otros primos a dormir, se preocupa mucho más por el pequeño. Le agrada como es y por lo mismo es uno de sus primos chicos preferidos. Cuando toda la tropa está dormida Andrés baja hasta el primer piso para hacer una llamada a su madre, ella no le contesta por lo que supone estar aún esperando hablar con el médico. Al darse cuenta la casa está en silencio, los vecinos se han marchado y Gustavo está tirado y durmiendo sobre uno de los sillones del living Andrés vuelve a subir las escaleras para buscar una manta y así poder evitar que Gustavo se resfríe. Ya acomodados los dos sobre el sillón y tapados para evitar el frío Gustavo acaricia la cabeza de Andrés, generalmente esto lo tranquiliza, al hacerlo le dice suavemente “Trata de dormir un ratito aunque sea, mañana va a ser un día bastante agotador”.
Andrés al despertar se encuentra solo en el sillón. Gustavo está en la pieza de los juegos haciendo reír a los tres primos que aun están en pijama. Están desayunados y bastante tranquilos, sobre todo el más pequeño. Al mirar la situación, da la sensación que aquí no ha pasado absolutamente nada. Andrés aprecia la dedicación que posee Gustavo para encantar a los más pequeños o como dice él: “Tiene como un aura, un ángel con los cabos chicos” esta misma dedicación se la ha demostrado a medida que se han ido conociendo y más dedicación es una pasión que inunda a Andrés y es eso precisamente lo que le gusta.
A eso de las nueve de la mañana llegan los familiares desde el hospital. Resultó ser que el tío de Andrés fue trasladado de un lugar a otro, finalmente fue dejado en la mutual del trabajador para seguir el tratamiento médico, afortunadamente no está en peligro y no pasó más allá de varios huesos quebrados y un gran susto para toda su familia. Todos les dan las gracias a él y a Gustavo por haberse hecho cargo de los más pequeños y haber mantenido la situación controlada. Luego de unos momentos Gustavo y Andrés se retiran para volver al departamento, están cansadísimos y lo único que desean es dormir en una cama cómoda.
En la casa del tío de Andrés el caos está por doquier, su tía ya se encuentra en el hospital junto a su hijo mayor quien tiene la misma edad de Andrés, pero resto de los hermanos, tres más, solo lloran en cada rincón de la casa, el mas pequeño tiene casi cuatro años y no entiende muy bien la situación, solo ha visto cómo su madre se ha echado a las lagrimas después de una llamada telefónica. Es eso lo que precisamente le ha causado su llanto, el ver a su madre llorar. Algunos vecinos de los afectados también se encuentran en la casa. Ellos hablan con la madre de Andrés para explicarles un poco más la situación, luego de esto rápidamente también se va al hospital para hacerle compañía a su cuñada y sobrino en compañía de su esposo. Gustavo le sugiere a Andrés quedarse en la casa para hacerles compañía a sus primos. Trata de calmarlos llevándolos a la pieza de los juguetes. Es una habitación bastante amplia en la cual los pequeños primos juegan y hacen algunas de sus tareas. Un televisor plasma está incrustado en la pared y debajo de éste hay un Nintendo Wii por lo que le dice a sus primos que jueguen un rato para que esperen alguna noticia de su padre.
Mientras tanto Gustavo hierve un poco de agua en la cocina para servirles un café al resto de los adultos que están en casa. Él ya ha pasado por esta situación en el pasado y ya sabe que hacer en estos momentos. Al llevar la bandeja con las tazas y el agua caliente al comedor los vecinos hablan de sus propias historias cercanas a la muerte. Gustavo escucha con atención las opiniones de cada uno de los vecinos, él no tiene mucho de que hablar con ellos, por lo demás nunca los ha visto en toda su vida y tampoco conoce muy de cerca al tío de Andrés, excepto por algunos comentarios que ha hecho respecto a él. Una vez servidas las tazas nuevamente va a la cocina, ahí lo espera Andrés sentado en uno de los mesones, con los hombros caídos y la mirada perdida en el suelo. Gustavo le levanta el mentón con una de sus manos y le dice: “Tranquilo, todo va a estar bien” justo en ese momento Andrés se larga a llorar en los brazos de Gustavo. Se echa la culpa por tener el don de su abuela y no poder manejar la situación. Mientras Gustavo le soba la espalda y acaricia la cabeza aparece el primo más pequeño en la cocina. Rápidamente la pareja se separa y Andrés salta del mesón al suelo para saber que es lo que necesita el niño. Le dice que tiene sueño y que quiere dormir. No es para menos, ya son más de las tres de la mañana por lo que lo lleva a su habitación, luego de cambiarle arroparlo y asegurarse que está dormido manda a sus otros primos a dormir, se preocupa mucho más por el pequeño. Le agrada como es y por lo mismo es uno de sus primos chicos preferidos. Cuando toda la tropa está dormida Andrés baja hasta el primer piso para hacer una llamada a su madre, ella no le contesta por lo que supone estar aún esperando hablar con el médico. Al darse cuenta la casa está en silencio, los vecinos se han marchado y Gustavo está tirado y durmiendo sobre uno de los sillones del living Andrés vuelve a subir las escaleras para buscar una manta y así poder evitar que Gustavo se resfríe. Ya acomodados los dos sobre el sillón y tapados para evitar el frío Gustavo acaricia la cabeza de Andrés, generalmente esto lo tranquiliza, al hacerlo le dice suavemente “Trata de dormir un ratito aunque sea, mañana va a ser un día bastante agotador”.
Andrés al despertar se encuentra solo en el sillón. Gustavo está en la pieza de los juegos haciendo reír a los tres primos que aun están en pijama. Están desayunados y bastante tranquilos, sobre todo el más pequeño. Al mirar la situación, da la sensación que aquí no ha pasado absolutamente nada. Andrés aprecia la dedicación que posee Gustavo para encantar a los más pequeños o como dice él: “Tiene como un aura, un ángel con los cabos chicos” esta misma dedicación se la ha demostrado a medida que se han ido conociendo y más dedicación es una pasión que inunda a Andrés y es eso precisamente lo que le gusta.
A eso de las nueve de la mañana llegan los familiares desde el hospital. Resultó ser que el tío de Andrés fue trasladado de un lugar a otro, finalmente fue dejado en la mutual del trabajador para seguir el tratamiento médico, afortunadamente no está en peligro y no pasó más allá de varios huesos quebrados y un gran susto para toda su familia. Todos les dan las gracias a él y a Gustavo por haberse hecho cargo de los más pequeños y haber mantenido la situación controlada. Luego de unos momentos Gustavo y Andrés se retiran para volver al departamento, están cansadísimos y lo único que desean es dormir en una cama cómoda.
martes, mayo 05, 2009
Capítulo 11: Cosecha.
Aún quedan algunos rayos de luz natural que iluminan el cielo para dar paso a los rayos artificiales de la energía eléctrica. Gustavo y Andrés ven pasar por la ventana del taxi a todas esas personas que salen de sus trabajos o que van ingresando para algún turno de noche. A medida que van avanzando por las calles, Andrés se siente bastante ansioso al saber que conocerá el hábitat natural de Gustavo. El departamento queda en el sector nororiente de la ciudad. Andrés, las pocas veces que ha andado por esos sectores ha sido para acompañar a su padre a dejar a algunos colegas o por alguna fiesta de alguno de sus compañeros más acomodados. Si bien conoce el plano de la cuidad, no conoce todas las calles y menos la “Belleza Humana” del sector. Siente que hasta el aire es mejor en ese lugar, inspira un poco de aire para refrescar sus pulmones y exhala lentamente. Gustavo lo queda mirando con una cara de asombro – ¿Conocías este sector? – Pregunta Gustavo, a lo que Andrés responde – A pesar de que nací acá no conozco mucho este lado... es bastante hermoso, sobre todo los edificios nuevos – Andrés sigue mirando por la ventana. En la radio suena “Good People de Jack Jonson” a Gustavo le gusta ese interprete, cree que el título del tema es apropiado para la situación. Ambos son buenas personas de esencia. No podrá terminar de escuchar el tema, la próxima esquina es su parada, por lo que le anuncia al chofer. Una vez detenido el auto y terminar de pagar la carrera Gustavo conduce a Andrés al interior de un edificio. Luego de saludar al conserje y solicitar la correspondencia caminan hacia uno de los seis ascensores que tiene aquel edificio. Todo parece muy lujoso para Andrés. Está sorprendido al conocer a un tipo como Gustavo. Al salir del departamento caminan por uno de los tres pasillos. El departamento es uno de los últimos. Al ingresar lo único que suena son sus pasos y el ruido del refrigerador. Gustavo de inmediato comienza a abrir ventanas para ventilar un poco aquel lugar, mientras Andrés lo espera sentado en el living contemplando los chiches que hay en la mesa de centro, luego se pone de pie para dar paso a su curiosidad, por lo que se dirige a la cocina, que es tipo americana, con incrustaciones de mármol y aparadores incluidos, al bajar la mirada por uno de los costados del refrigerador se encuentra con una pila de ladrillos ahuecados de forma cilíndrica. Los primeros no tienen nada, pero los de más abajo presentan unas botellas de vino. Es una especie de enoteca casera. Las botellas están llenas de polvo, por lo que da la sensación de despreocupación del lugar. Gustavo observa en silencio los movimientos de Andrés: va a pasar uno de sus dedos sobre el polvo de una de las botellas de vino. Justo antes de hacerlo Gustavo interrumpe. Andrés pega un pequeño salto al escuchar la voz de Gustavo.
-Si tocas una... te la tendrás que tomar – Advierte Gustavo.
-Una copa de vino es muy buena para la salud, pero una botella es muy mala para la caña – Responde Andrés para dar paso a la risa de Gustavo.
-Por lo que dices no te gusta mucho el vino.
-La verdad es que no mucho, pero si hay que tomar vino, se toma vino no más – Se insinúa Andrés y pasa uno de sus dedos por una de las botellas – ¡Éste entonces!.
Gustavo lo mira con cara de sorprendido al darse cuenta que su advertencia fue doblegada por Andrés por lo que se acerca a él y lo besa en la mejilla. Estira su mano y saca la botella seleccionada por Andrés. Mientras Gustavo limpia la botella, Andrés saca dos grandes copas de cristal y las lleva al living. Detrás de él viene el dueño de casa con la botella en una de sus manos y una caja. Al sentarse deja la botella en la mesa y procede a abrir la caja de madera, en su interior hay un juego completo para el vino.
-Al parecer a ti te gusta bastante el vino – dice Andrés mirando la caja de madera.
-Digamos que sé bastante de eso y me gusta disfrutarlo – Gustavo toma cada uno de los instrumentos y los pone sobre la mesa, luego comienza con su ritual de descorche y la posterior degustación del líquido – Veamos cómo es tu mano para elegir el vino...
-Estos vinos deben tener alguna cosa especial como para que estén con una capa de polvo encima ¿O me equivoco?
-No te equivocas para nada... mmm ¡pero que vino tan rico has escogido... pruébalo, sírvete no más! Este vino si mal no recuerdo... por la etiqueta debe tener más de quince años. Es uno de los que me dejó mi abuelo cuando estaba vivo.
-La verdad es que está bastante bueno, yo no sé mucho de vinos, pero ni comparado con los vinos que he tomado antes. Tiene sabor como a madera.
A medida que van pasando los minutos la pareja habla solamente del vino, Andrés y Gustavo comparten sus propias historias y vivencias con el vino. Se dan cuenta que ese licor fue justamente uno de los que produjo una de sus primeras resaca juntos por lo que ríen bastante, pero a esa altura ya no queda ni una sola gota, ni en los vasos, ni en la botella por lo que Gustavo decide descorchar una más. Mientras van saliendo otros temas toma Gustavo trae desde su habitación un baraja de naipes y se ponen a jugar “Al Rápido”, pero con las reglas que Andrés ha impuesto “Cada vez que uno de los dos pierda una jugada se quitará una prenda” al finalizar la segunda botella ambos se encuentran prácticamente desnudos y bastante agitados por el juego. Solo falta que uno de los dos tome la iniciativa. Andrés toma a Gustavo por el cuello para desatar una ola de movimientos que los hace terminar follando sobre uno de los sillones del living en el departamento. Esta vez no hay nadie que los moleste o vaya a interrumpir por lo que tienen sexo desenfrenado y sin tabúes.
-Si tocas una... te la tendrás que tomar – Advierte Gustavo.
-Una copa de vino es muy buena para la salud, pero una botella es muy mala para la caña – Responde Andrés para dar paso a la risa de Gustavo.
-Por lo que dices no te gusta mucho el vino.
-La verdad es que no mucho, pero si hay que tomar vino, se toma vino no más – Se insinúa Andrés y pasa uno de sus dedos por una de las botellas – ¡Éste entonces!.
Gustavo lo mira con cara de sorprendido al darse cuenta que su advertencia fue doblegada por Andrés por lo que se acerca a él y lo besa en la mejilla. Estira su mano y saca la botella seleccionada por Andrés. Mientras Gustavo limpia la botella, Andrés saca dos grandes copas de cristal y las lleva al living. Detrás de él viene el dueño de casa con la botella en una de sus manos y una caja. Al sentarse deja la botella en la mesa y procede a abrir la caja de madera, en su interior hay un juego completo para el vino.
-Al parecer a ti te gusta bastante el vino – dice Andrés mirando la caja de madera.
-Digamos que sé bastante de eso y me gusta disfrutarlo – Gustavo toma cada uno de los instrumentos y los pone sobre la mesa, luego comienza con su ritual de descorche y la posterior degustación del líquido – Veamos cómo es tu mano para elegir el vino...
-Estos vinos deben tener alguna cosa especial como para que estén con una capa de polvo encima ¿O me equivoco?
-No te equivocas para nada... mmm ¡pero que vino tan rico has escogido... pruébalo, sírvete no más! Este vino si mal no recuerdo... por la etiqueta debe tener más de quince años. Es uno de los que me dejó mi abuelo cuando estaba vivo.
-La verdad es que está bastante bueno, yo no sé mucho de vinos, pero ni comparado con los vinos que he tomado antes. Tiene sabor como a madera.
A medida que van pasando los minutos la pareja habla solamente del vino, Andrés y Gustavo comparten sus propias historias y vivencias con el vino. Se dan cuenta que ese licor fue justamente uno de los que produjo una de sus primeras resaca juntos por lo que ríen bastante, pero a esa altura ya no queda ni una sola gota, ni en los vasos, ni en la botella por lo que Gustavo decide descorchar una más. Mientras van saliendo otros temas toma Gustavo trae desde su habitación un baraja de naipes y se ponen a jugar “Al Rápido”, pero con las reglas que Andrés ha impuesto “Cada vez que uno de los dos pierda una jugada se quitará una prenda” al finalizar la segunda botella ambos se encuentran prácticamente desnudos y bastante agitados por el juego. Solo falta que uno de los dos tome la iniciativa. Andrés toma a Gustavo por el cuello para desatar una ola de movimientos que los hace terminar follando sobre uno de los sillones del living en el departamento. Esta vez no hay nadie que los moleste o vaya a interrumpir por lo que tienen sexo desenfrenado y sin tabúes.
martes, abril 28, 2009
Capítulo 10: Predicciones.
Las grabaciones han concluido y los tórtolos caminan hacia el Terminal de buses, el regreso a la ciudad de origen es en un par de minutos, por lo que apresuran un poco el paso par no llegar tarde. Antes de subir al bus Gustavo compra un agua mineral y Andrés un néctar para el camino. Mientras esperan a que el bus se termine de estacionar en el andén Gustavo se percata de una coincidencia: la tripulación es la misma que los llevó hasta donde están parados.
Andrés mira por la ventana esperando con ansias el llegar luego a su casa. A pesar de que la ha pasado bien, extraña a su familia, aunque sea un poco distinta. Seguramente su pieza ha sido invadida por su madre para instalar a los invitados de verano. Sabe muy bien que lo estarán esperando con algo para almorzar y luego lanzarse a hacer aquella sobremesa que puede durar horas, en la cual recuerdan tiempos pasados, cuando sus padres y tíos eran mas jóvenes. Le agrada escuchar esas historias una y otra vez, pero de ahí a estar viviendo bajo el mismo techo que sus primos y tíos... la cosa cambia bastante. Le preguntarán acerca de sus estudios y trabajos, para luego compararlo con los demás primos y primas de su misma edad. Y lo que es mucho peor le preguntarán acerca de sus “ponceos y pololas”. Para Andrés la cosa es obvia, detesta hablar de eso con sus parientes, es más le carga la idea. “Como no logran darse cuenta” – piensa Andrés – pero sus tíos siempre le dicen lo mismo “Nunca has presentado a alguna amiguita, siempre te vemos con puros amiguitos, no vaya a ser que estés mirando para el otro lado” A Andrés le dan ganas de gritarles en la cara “Señora, señor, por favor entienda ¡Nunca me verá con alguna amiguita, solo con puras amiguis, y por favor deje de hincharme las pelotas y preocúpese de los dramas que tiene su propia familia” Gustavo ríe al escuchar hablar a Andrés así de su familia. Le pregunta cómo son, para deducir que eso pasa en todas las familias, por lo que le aconseja tener paciencia.
Andrés le pide el libro a Gustavo para poder distraerse de lo que le esperará en casa. Mientras avanza rápido en la lectura e imagina las situaciones de los personajes del libro, recuerda una situación parecida le leyó en algún portal de la Net: “Boys, de Benjamín Maladroit” la historia de un joven estudiante de derecho que cuenta las aventuras vividas por él, su novio y su amigo. Luego de eso se le ocurre una idea: Invitará a Gustavo a conocer a su familia, así podrían comer gratis, aprovecharse de la situación y arrancarse de inmediato al sur. A la hora que llegarían a su casa, su padre y sus tíos ya estarán con algunas copas en el cuerpo por lo que será más fácil pedirle permiso a su padre y bolsearle algo de dinero a sus tíos. Convencería a su madre diciendo “Podrías aprovechar de usar el espacio que voy a dejar en la casa para que las visitas se sientan mas cómodas” mientras sus tías incentivaran a su padre para que le de permiso a su sobrino. Gustavo no puede creer lo descarado que puede llegar a ser Andrés con tal de no estar en su casa mientras hayan visitas, pero lo entiende completamente por lo que accede a acompañarlo a su casa, así podría conocer más de cerca a Andrés.
Al entrar en la casa su madre es la primera en saludarlo, para dar paso a su crítica. Mientras se arregla un poco el pelo lo reta por no haber avisado que llevaría a un invitado a comer. Gustavo se presenta como un simplemente un colega de las grabaciones. Después de la parafernalia de saludar al lote familiar Andrés le pide a Gustavo que lo acompañe a su habitación para descargarse de algunas cosas del viaje y dejar preparado el bolso para llegar y salir en unas horas más.
Como era costumbre, la sobremesa fue hasta las siete p.m. Como lo predijo Andrés: Han preguntado por su vida, tiene el permiso de sus padres y el dinero de sus tíos, no queda otra más que echarse a volar. Antes una escala lo llevará a conocer el mundo de Gustavo. Aquí nadie los recibirá con abrazos ni preguntas, solo el ruido del refrigerador y los pasos que den al entrar a su departamento.
Andrés mira por la ventana esperando con ansias el llegar luego a su casa. A pesar de que la ha pasado bien, extraña a su familia, aunque sea un poco distinta. Seguramente su pieza ha sido invadida por su madre para instalar a los invitados de verano. Sabe muy bien que lo estarán esperando con algo para almorzar y luego lanzarse a hacer aquella sobremesa que puede durar horas, en la cual recuerdan tiempos pasados, cuando sus padres y tíos eran mas jóvenes. Le agrada escuchar esas historias una y otra vez, pero de ahí a estar viviendo bajo el mismo techo que sus primos y tíos... la cosa cambia bastante. Le preguntarán acerca de sus estudios y trabajos, para luego compararlo con los demás primos y primas de su misma edad. Y lo que es mucho peor le preguntarán acerca de sus “ponceos y pololas”. Para Andrés la cosa es obvia, detesta hablar de eso con sus parientes, es más le carga la idea. “Como no logran darse cuenta” – piensa Andrés – pero sus tíos siempre le dicen lo mismo “Nunca has presentado a alguna amiguita, siempre te vemos con puros amiguitos, no vaya a ser que estés mirando para el otro lado” A Andrés le dan ganas de gritarles en la cara “Señora, señor, por favor entienda ¡Nunca me verá con alguna amiguita, solo con puras amiguis, y por favor deje de hincharme las pelotas y preocúpese de los dramas que tiene su propia familia” Gustavo ríe al escuchar hablar a Andrés así de su familia. Le pregunta cómo son, para deducir que eso pasa en todas las familias, por lo que le aconseja tener paciencia.
Andrés le pide el libro a Gustavo para poder distraerse de lo que le esperará en casa. Mientras avanza rápido en la lectura e imagina las situaciones de los personajes del libro, recuerda una situación parecida le leyó en algún portal de la Net: “Boys, de Benjamín Maladroit” la historia de un joven estudiante de derecho que cuenta las aventuras vividas por él, su novio y su amigo. Luego de eso se le ocurre una idea: Invitará a Gustavo a conocer a su familia, así podrían comer gratis, aprovecharse de la situación y arrancarse de inmediato al sur. A la hora que llegarían a su casa, su padre y sus tíos ya estarán con algunas copas en el cuerpo por lo que será más fácil pedirle permiso a su padre y bolsearle algo de dinero a sus tíos. Convencería a su madre diciendo “Podrías aprovechar de usar el espacio que voy a dejar en la casa para que las visitas se sientan mas cómodas” mientras sus tías incentivaran a su padre para que le de permiso a su sobrino. Gustavo no puede creer lo descarado que puede llegar a ser Andrés con tal de no estar en su casa mientras hayan visitas, pero lo entiende completamente por lo que accede a acompañarlo a su casa, así podría conocer más de cerca a Andrés.
Al entrar en la casa su madre es la primera en saludarlo, para dar paso a su crítica. Mientras se arregla un poco el pelo lo reta por no haber avisado que llevaría a un invitado a comer. Gustavo se presenta como un simplemente un colega de las grabaciones. Después de la parafernalia de saludar al lote familiar Andrés le pide a Gustavo que lo acompañe a su habitación para descargarse de algunas cosas del viaje y dejar preparado el bolso para llegar y salir en unas horas más.
Como era costumbre, la sobremesa fue hasta las siete p.m. Como lo predijo Andrés: Han preguntado por su vida, tiene el permiso de sus padres y el dinero de sus tíos, no queda otra más que echarse a volar. Antes una escala lo llevará a conocer el mundo de Gustavo. Aquí nadie los recibirá con abrazos ni preguntas, solo el ruido del refrigerador y los pasos que den al entrar a su departamento.
miércoles, abril 15, 2009
Capítulo 9: Príncipes Fogosos.
Andrés despierta agobiado por el calor, Gustavo lo abraza lentamente, Andrés haciéndose el dormido se acerca de a poco soltando una respiración profunda, esto da paso a que Gustavo se acerque aún más hasta tener su rostro pegado al pechote Andrés, sus pelos se erizan en forma inmediata. Gustavo comienza a besar su cuello pacíficamente. Sólo esa acción gatilló una acción inesperada por Andrés. Instintivamente su cuello se estira para que Gustavo lo siga recorriendo. Andrés dobla uno de sus bazos, el cual se acerca a la cabeza y con su mano comienza a acariciar los cabellos de Gustavo. En un principio son solo los labios de Gustavo los que juegan el en cuerpo de Andrés, luego sigue su lengua. Finalmente alcanza la boca de Andrés, para él los besos son exquisitos por lo que sigue besándolo y tocando su cuello, esto estimula más a Gustavo, por lo que los besos se hacen más apasionados e intensos. La música ha cambiado, ahora suena el disco: “OK Computer, de Radiohead” las melodías acentúan la fogosidad de lo que se lleva a cabo tras esas cuatro paredes. Los torsos desnudos de cada uno sueltan las gotas de sudor que mojan las almohadas. Sus manos se vuelven un solo puño inseparable. Las caricias y los besos son más efusivos y profundos. Gustavo se incorpora y se coloca sobre Andrés, luego comienza a deslizar su lengua por su pecho estimulando el tacto de Andrés. Es como si estuviera leyendo el braile de su cuerpo con su lengua. Andrés suelta algunos movimientos involuntarios llamados por el placer que le produce Gustavo, mientras él araña la espalda de su compañero Gustavo sigue leyendo hasta llegar al ombligo hasta que... algo le detiene, es un botón, por lo que acerca una de sus manos para sacarlo del ojal, mientras intenta hacerlo se da cuenta de la hombría de Andrés, por lo que lo queda mirando a los ojos, suelta una sonrisa maliciosa, con la lengua entresacada y levanta una de sus cejas. Esto hace sonrojar a Andrés por lo que lo toma del mentón y lo vuelve desde su ombligo hasta quedar frente a su rostro, cierra sus ojos y lo besa en los labios. Gustavo vuelve al lado de Andrés y continúan besándose por varios minutos hasta que la fogosidad empieza a disminuir de a poco.
Gustavo se encuentra boca abajo con los brazos doblados mirando a Andrés, él se encuentra de espalda con una de sus piernas dobladas, con una de sus manos acaricia las mejillas de Gustavo, esto le agrada y cierra los ojos moviendo la cabeza como un pequeño gato. Las plegarias de Andrés han sido escuchadas. Desafortunadamente no pensó en lo que sucedería después. Gustavo tararea una de las melodías que suena hasta que lanza una pregunta:
-¿Qué harás después que terminemos las grabaciones? – dice mientras se acerca un poco.
-Umn cobrar mi sueldo y volver – se demora un poco en contestar.
-¿Volver a dónde?
-A mi casa ¿y tú?
-Yo volveré al sur, tengo que supervisar algunas cosas.
-Supervisar algunas cosas ¿cosas como qué?
-Algunos envíos y compras que realicé antes de venir.
-Entiendo... ¿y el resto del verano que harás?
-No lo sé, quizás viajar.
-Quién como tú. En cambio yo tendré que soportar a algunos familiares que están de vacaciones en mi casa. Después tengo que ver la toma de ramos, talleres y prácticas.
-Eso es lo bueno de vivir solo, no debes darles explicaciones a nadie... ¿tus viejos son muy exigentes contigo?
-En algunas ocasiones, pero en general son bastante relajados, lo único que más me exigen es que termine luego de estudiar.
A Gustavo se le pasan algunas ideas por la cabeza, pero no sabe si decirlas o no, a lo mejor Andrés podría tomarlas a mal o como un descaro de su parte.
-Oye – dice Gustavo.
-Dime.
-Umnn... no mejor no, no he dicho nada.
-Ya pues, dime, ¿Qué onda?
-No nada.
-No seas así, dime lo que ibas a decir, no me dejes con la incertidumbre, aparte me carga que hagan eso, si tienes algo que decirlo simplemente dilo – dice Andrés en un tomo más serio.
-Es que... estaba pensando una cosa, no sé como la vayas a tomar, pero en fin en pedir no hay engaño.
-En eso tienes razón, en pedir no hay engaño, por lo tanto, dímelo.
-¿Estas seguro que quieres irte a tu casa y aburrirte y soportar a tus familiares en tu casa?
-No me queda de otra.
-Y si te invito a viajar al sur conmigo ¿vendrías?
Un balde de agua fría cae sobre Andrés, se queda en silencio por algunos instantes. Mientras Gustavo espera un “Si” por respuesta, el momento se vuelve más largo por lo que se aleja de Andrés y se sienta en una de las esquina de la cama. Cree que ha sido un completo descarado ante tal ofrecimiento. Si bien aún no hay respuesta, ya ve una negativa. Andrés se acerca a él y lo toma por la cintura, mientras acaricia su pecho, acerca su boca a su cuello, besándolo para luego emitir algunas frases.
-Contigo me voy donde tú quieras.
-¿De verdad?
-Si, de verdad, pero ten en cuenta que aún no me pagan y debo llegar a casa para hacer acto de presencia.
-Entiendo...
-Respecto a los ramos y talleres lo puedo ver por la Net.
-¿Qué le dirás a tus viejos por el viaje?
-Umnn inventaré alguna excusa creíble... ¡ya sé! es muy fácil: “Me voy a mochiliar con unos amigos” y listo.
Gustavo está feliz y deseoso a que llegue el momento de partir, de llevar a conocer a Andrés todos sus dominios, castillos mágicos, súbditos y seguidores, es como un cuento de hadas, a excepción de que... aquí no hay princesas... solo príncipes.
Gustavo se encuentra boca abajo con los brazos doblados mirando a Andrés, él se encuentra de espalda con una de sus piernas dobladas, con una de sus manos acaricia las mejillas de Gustavo, esto le agrada y cierra los ojos moviendo la cabeza como un pequeño gato. Las plegarias de Andrés han sido escuchadas. Desafortunadamente no pensó en lo que sucedería después. Gustavo tararea una de las melodías que suena hasta que lanza una pregunta:
-¿Qué harás después que terminemos las grabaciones? – dice mientras se acerca un poco.
-Umn cobrar mi sueldo y volver – se demora un poco en contestar.
-¿Volver a dónde?
-A mi casa ¿y tú?
-Yo volveré al sur, tengo que supervisar algunas cosas.
-Supervisar algunas cosas ¿cosas como qué?
-Algunos envíos y compras que realicé antes de venir.
-Entiendo... ¿y el resto del verano que harás?
-No lo sé, quizás viajar.
-Quién como tú. En cambio yo tendré que soportar a algunos familiares que están de vacaciones en mi casa. Después tengo que ver la toma de ramos, talleres y prácticas.
-Eso es lo bueno de vivir solo, no debes darles explicaciones a nadie... ¿tus viejos son muy exigentes contigo?
-En algunas ocasiones, pero en general son bastante relajados, lo único que más me exigen es que termine luego de estudiar.
A Gustavo se le pasan algunas ideas por la cabeza, pero no sabe si decirlas o no, a lo mejor Andrés podría tomarlas a mal o como un descaro de su parte.
-Oye – dice Gustavo.
-Dime.
-Umnn... no mejor no, no he dicho nada.
-Ya pues, dime, ¿Qué onda?
-No nada.
-No seas así, dime lo que ibas a decir, no me dejes con la incertidumbre, aparte me carga que hagan eso, si tienes algo que decirlo simplemente dilo – dice Andrés en un tomo más serio.
-Es que... estaba pensando una cosa, no sé como la vayas a tomar, pero en fin en pedir no hay engaño.
-En eso tienes razón, en pedir no hay engaño, por lo tanto, dímelo.
-¿Estas seguro que quieres irte a tu casa y aburrirte y soportar a tus familiares en tu casa?
-No me queda de otra.
-Y si te invito a viajar al sur conmigo ¿vendrías?
Un balde de agua fría cae sobre Andrés, se queda en silencio por algunos instantes. Mientras Gustavo espera un “Si” por respuesta, el momento se vuelve más largo por lo que se aleja de Andrés y se sienta en una de las esquina de la cama. Cree que ha sido un completo descarado ante tal ofrecimiento. Si bien aún no hay respuesta, ya ve una negativa. Andrés se acerca a él y lo toma por la cintura, mientras acaricia su pecho, acerca su boca a su cuello, besándolo para luego emitir algunas frases.
-Contigo me voy donde tú quieras.
-¿De verdad?
-Si, de verdad, pero ten en cuenta que aún no me pagan y debo llegar a casa para hacer acto de presencia.
-Entiendo...
-Respecto a los ramos y talleres lo puedo ver por la Net.
-¿Qué le dirás a tus viejos por el viaje?
-Umnn inventaré alguna excusa creíble... ¡ya sé! es muy fácil: “Me voy a mochiliar con unos amigos” y listo.
Gustavo está feliz y deseoso a que llegue el momento de partir, de llevar a conocer a Andrés todos sus dominios, castillos mágicos, súbditos y seguidores, es como un cuento de hadas, a excepción de que... aquí no hay princesas... solo príncipes.
miércoles, abril 08, 2009
Capítulo 8: Música.
Mientras caminan rumbo a la hostal, Andrés le cuenta un poco de su vida a Gustavo, él le presta toda la atención del mundo en cada una de las palabras que dice, pasando por alto todos los monumentos que cuando era más joven le llamaban tanto su atención. Para Andrés el hablar de su vida con un extraño está completamente fuera de lugar, pero le da la impresión de conocer a Gustavo de toda una vida anterior. No cree en el destino, tampoco en las casualidades, sino más bien en las causalidades, vale decir, cada causa produce un efecto. Tal vez si hubiera encendido el cigarrillo minutos más tarde no hubiera conocido a Gustavo, o si simplemente sus amigos le hubiesen dado un lugar para dormir el día en que llegó nada de lo que ha vivido estaría pasando. Pero le llama más la atención el poder efectuar alguna causa, para que produzca el efecto deseado por él: “No desea que Gustavo se separe de él por un largo tiempo”. Lamentablemente no sabe que causa tomar, le da miedo el poder hacer algo que pueda alejarlo de él.
Luego de entrar a la hostal y pedir la llave de la habitación caminan rumbo a ésta. Al abrir la puerta el aire caliente les da un golpe a cada uno. Gustavo es el primero en entrar y rápidamente se dirige hacia una de las ventanas para abrirla. Un poco de aire fresco invade el lugar, pero el calor aún sigue, por lo que Gustavo decide sacarse la polera. Andrés nota la acción de Gustavo, lo mira cuidadosamente sin que él se de cuenta, luego busca y enciende su computador para tirarse en la cama. Por su parte Gustavo toma su libro y se sienta junto a la mesa. Andrés explora la música que su compañero le ha pasado para seguir después buscando los videos en la net. Mientras los ve, Gustavo le va diciendo que sucede en cada escena, al parecer ya los ha visto más de mil veces como para recordar algunos detalles y la secuencia de imágenes que van apareciendo en cada video, le sugiere otros títulos para ver. Son canciones un poco más lentas y que tan solo con el hecho de escuchar los tonos de las melodías y las letras en ingles para que Andrés se da cuenta que son canciones algo romanticonas, o se algunas rupturas amorosas, por lo que decide buscar las canciones sugeridas, pero con subtítulo en español. Andrés no es muy bueno para el inglés, sabe bien que es el idioma universal, pero realmente no está interesado en aprenderlo, por lo menos hasta esos momentos.
Al pasar algunos minutos Gustavo ya no emite comentarios y tampoco responde a las preguntas, por lo que Andrés levanta la mirada para saber si aún está en la habitación. Gustavo se ha quedado dormido sentado en la silla su cabeza reposa sobre sus brazos que están entrecruzados sobre la mesa. Eso para Andrés es una clara señal de cansancio, por lo que deja el computador a un lado y se dirige hacia la mesa. Lo queda mirando fijamente y no sabe si despertarlo o no. Le mueve el hombro suavemente con la intención de no asustarlo por su presencia tan cercana. Gustavo se mueve un poco y Andrés aprovecha la ocasión para decirle que se recueste en la cama, Gustavo se pone de pie y se tira a un costado mientras acomoda la almohada. Andrés se da cuenta que ha empezado a entrar más aire frío por la ventana, por lo que la junta un poco. Mientras se acomoda nuevamente sobre el colchón y sigue en la búsqueda de canciones y videos su celular comienza a vibrar, es el productor avisando que ese día no habrán grabaciones, Andrés aprovecha de decirle que él se encargará de avisarle a Gustavo. Luego de colgar la llamada Andrés sigue buscando videos, de repente la net colapsa, no tiene más acceso a sus portales favoritos, por lo que decide seguir explorando la música del acompañante. Hay varios grupos que los ubica de nombres o por solo una canción, la verdad es que nunca se había dedicado a escuchar ese otro tipo de música, pero se da cuenta que le agrada el estilo. Hay canciones en español (Como un Perro, Libido), inglés (Last goodbye, Jeff Buckley), otras que pertenecen a las bandas sonoras de algunas películas (1492, Vangelis) hasta algunas bandas chilenas bastante conocidas (Saiko, Lucybell, Los Prisioneros) y otras no tan conocidas (Golem, Truman, Go) este último le agrada más por lo que decido escuchar el álbum. A medida que van pasando algunas canciones el calor y el sueño también lo inunda, por lo que se saca la polera y la deja en el suelo. Luego deja el computador a un lado de la cama, sin necesariamente haber detenido la música. Se estira por completo en la cama y antes de cerrar por completo los ojos mira a Gustavo que duerme placidamente a su lado.
Luego de entrar a la hostal y pedir la llave de la habitación caminan rumbo a ésta. Al abrir la puerta el aire caliente les da un golpe a cada uno. Gustavo es el primero en entrar y rápidamente se dirige hacia una de las ventanas para abrirla. Un poco de aire fresco invade el lugar, pero el calor aún sigue, por lo que Gustavo decide sacarse la polera. Andrés nota la acción de Gustavo, lo mira cuidadosamente sin que él se de cuenta, luego busca y enciende su computador para tirarse en la cama. Por su parte Gustavo toma su libro y se sienta junto a la mesa. Andrés explora la música que su compañero le ha pasado para seguir después buscando los videos en la net. Mientras los ve, Gustavo le va diciendo que sucede en cada escena, al parecer ya los ha visto más de mil veces como para recordar algunos detalles y la secuencia de imágenes que van apareciendo en cada video, le sugiere otros títulos para ver. Son canciones un poco más lentas y que tan solo con el hecho de escuchar los tonos de las melodías y las letras en ingles para que Andrés se da cuenta que son canciones algo romanticonas, o se algunas rupturas amorosas, por lo que decide buscar las canciones sugeridas, pero con subtítulo en español. Andrés no es muy bueno para el inglés, sabe bien que es el idioma universal, pero realmente no está interesado en aprenderlo, por lo menos hasta esos momentos.
Al pasar algunos minutos Gustavo ya no emite comentarios y tampoco responde a las preguntas, por lo que Andrés levanta la mirada para saber si aún está en la habitación. Gustavo se ha quedado dormido sentado en la silla su cabeza reposa sobre sus brazos que están entrecruzados sobre la mesa. Eso para Andrés es una clara señal de cansancio, por lo que deja el computador a un lado y se dirige hacia la mesa. Lo queda mirando fijamente y no sabe si despertarlo o no. Le mueve el hombro suavemente con la intención de no asustarlo por su presencia tan cercana. Gustavo se mueve un poco y Andrés aprovecha la ocasión para decirle que se recueste en la cama, Gustavo se pone de pie y se tira a un costado mientras acomoda la almohada. Andrés se da cuenta que ha empezado a entrar más aire frío por la ventana, por lo que la junta un poco. Mientras se acomoda nuevamente sobre el colchón y sigue en la búsqueda de canciones y videos su celular comienza a vibrar, es el productor avisando que ese día no habrán grabaciones, Andrés aprovecha de decirle que él se encargará de avisarle a Gustavo. Luego de colgar la llamada Andrés sigue buscando videos, de repente la net colapsa, no tiene más acceso a sus portales favoritos, por lo que decide seguir explorando la música del acompañante. Hay varios grupos que los ubica de nombres o por solo una canción, la verdad es que nunca se había dedicado a escuchar ese otro tipo de música, pero se da cuenta que le agrada el estilo. Hay canciones en español (Como un Perro, Libido), inglés (Last goodbye, Jeff Buckley), otras que pertenecen a las bandas sonoras de algunas películas (1492, Vangelis) hasta algunas bandas chilenas bastante conocidas (Saiko, Lucybell, Los Prisioneros) y otras no tan conocidas (Golem, Truman, Go) este último le agrada más por lo que decido escuchar el álbum. A medida que van pasando algunas canciones el calor y el sueño también lo inunda, por lo que se saca la polera y la deja en el suelo. Luego deja el computador a un lado de la cama, sin necesariamente haber detenido la música. Se estira por completo en la cama y antes de cerrar por completo los ojos mira a Gustavo que duerme placidamente a su lado.
sábado, abril 04, 2009
Capítulo 7: Caminando.
Al despertar, se da cuenta de que por más que su brazo lo busque no encuentra nadie. La frustración es grande. Creía que estaría a su lado al abrir los ojos. Se sienta en la cama, hay algo extraño en esta imagen. Hay algo que no calza con lo que vio anoche. No recuerda haber visto una mesa, y mucho menos una bandeja. Se levanta y camina hacia ella. La examina detenidamente pensando en el dolor de cabeza y de rodillas que siente en esos momentos. Hay una nota y la lee, en un principio no entiende a que se refieren algunos signos, pero finalmente deben ser algunos atajos del MSN, ríe al darse cuenta de eso. Lo bebestible ya está frío y las tostadas como una roca, tiene demasiada hambre por lo que se da el tiempo y la fortaleza para tomar y comer lo que está en la bandeja. Recuerda haber guardado algo de comer la noche anterior, su apetito voraz lo hace comer lo almacenado. Eso lo logra despabilar un poco más. Camina hacia su bolso y saca su computador. Luego de revidar su correo y otras páginas de uso habitual se mete al baño, una ducha de agua fría lo ayudará a salir luego del paso. Recuerda el mensaje de Gustavo, por lo que mete al baño su celular, apenas termine lo llamará.
Mientras incorpora de a poco su cuerpo al agua helada cierra la ventana de la misma ducha que da hacia la calle. Ya con todo el cuerpo bajo el chorro comienza a jabonarse de forma rápida, así mismo lo hace para quitar el jabón de sus ojos, escucha una melodía a lo lejos, le agrada por lo que abre un poco la ventana, el viento entra y le da un poco más de frío, por lo vuelve a cerrarla. Luego de cortar el agua se sacude las gotas que caen por su cuerpo. Toma una toalla y se seca. Al salir de la ducha pasa su mano por el espejo que se encuentra un poco empañado. Se afeita y luego limpia sus dientes. El tema en esos momentos sigue corriendo y no sabe de donde proviene, pero se vuelve a repetir. Envuelve sus caderas con la misma toalla con la cual se secó, es momento de vestirse. Camina un par de pasos y busca su bolso, en él encontrará la ropa adecuada para ponerse por lo que retira la toalla y la deja en el suelo. Siente que la música está más cerca por lo que se voltea a ver. Es Gustavo que está sentado al costado de la mesa con los audífonos puestos, leyendo lo mismo que en el bus y con la música a todo volumen. Está concentrado con la mirada pegada en las páginas. Andrés apresuradamente termina por abrochar el botón de su pantalón. Cree que es una instancia para mostrar los pocos atributos que posee. Le habla a Gustavo: “¿Cómo está la caña?” Pero no responde, está concentrado leyendo. Andrés se acerca un poco más y le hace una seña. Gustavo levanta la cabeza y lo ve. Justo frete a sus ojos. Es un cuerpo delgado haciéndole mímicas, por lo que se saca los audífonos. Andrés apenas termina esa acción le pregunta:
-¿Cómo se llama esa canción?
-Umnn déjame ver – dirige su reproductor hacia sus ojos – se llama: Footsteps es de Pearl Jam.
-Me gustó, la voy a bajar al tiro de la net – Establece con un tono seguro mientras se dirige a su computador.
-No es necesario – establece Gustavo – Yo te la paso, toma – mientras estira la mano para pasarle el reproductor.
-A todo esto, ¿qué hora es? – dice mientras recibe el reproductor lentamente con la clara intención de alcanzar a tocar la mano de Gustavo.
- Son como la una de la tarde, justo tiempo para ir a almorzar – establece con un tono calmado y dándose cuenta de la intención de Andrés.
-Uy, igual es un poco tarde ¿Porqué no me despertaste antes? – Mientras conecta el reproductor a su computador.
-¿Para qué te iba a molestar, a todo esto como estás de tus rodillas? – levanta una ceja y clava su mirada en las piernas de Andrés.
-Simplemente para que me molestaras pues, mis rodillas están bien, me duelen un poco, pero ya están mejor – copia todos los archivos de música incluyendo el del grupo en cuestión.
-Bueno entonces ¿qué me dices, vamos a almorzar juntos o tienes algo más que hacer? – Dice Gustavo con alegría, para Andrés es un ofrecimiento y por el cual no se puede negar – tengo una picada muy buena.
-Tú y tus picadas, ya me llega a dar miedo ir – Ríe haciendo alusión a sus rodillas – muy bien iré, pero esta vez no beberá nada de alcohol – establece mientras le devuelve el reproductor de música.
-Te va a gustar... no sólo la comida, también la música.
Caminan rumbo a la picada de Gustavo, la comida es buena y a Andrés le gusta, por lo que le pregunta de dónde conoce esos lugares, Gustavo explica que lo conoció la primera vez que salió a terreno por la universidad, es uno de los últimos lugares que sigue vivo después de tantos años. Le cuenta que se levantó temprano y que saludó a un ex compañero, que hablaron un poco y que se verán en uno de los días próximos. Andrés goza con lo dicho por Gustavo, es más, también desea conocer a Ignacio. De buenas a primeras le cae bien sin siquiera conocerlo. Gustavo establece una seguidilla de anécdotas que pasó junto a Ignacio en la universidad, Andrés se llena de risa, cada vez que lo hace sus ojos de hacen pequeños y su sonrisa un poco más grande. Esto revuela en la mente de Gustavo, y no es para mal, por el contrario, le agrada demasiado. Una vez terminado el almuerzo caminan rumbo a la hostal para descansar un momento.
Mientras incorpora de a poco su cuerpo al agua helada cierra la ventana de la misma ducha que da hacia la calle. Ya con todo el cuerpo bajo el chorro comienza a jabonarse de forma rápida, así mismo lo hace para quitar el jabón de sus ojos, escucha una melodía a lo lejos, le agrada por lo que abre un poco la ventana, el viento entra y le da un poco más de frío, por lo vuelve a cerrarla. Luego de cortar el agua se sacude las gotas que caen por su cuerpo. Toma una toalla y se seca. Al salir de la ducha pasa su mano por el espejo que se encuentra un poco empañado. Se afeita y luego limpia sus dientes. El tema en esos momentos sigue corriendo y no sabe de donde proviene, pero se vuelve a repetir. Envuelve sus caderas con la misma toalla con la cual se secó, es momento de vestirse. Camina un par de pasos y busca su bolso, en él encontrará la ropa adecuada para ponerse por lo que retira la toalla y la deja en el suelo. Siente que la música está más cerca por lo que se voltea a ver. Es Gustavo que está sentado al costado de la mesa con los audífonos puestos, leyendo lo mismo que en el bus y con la música a todo volumen. Está concentrado con la mirada pegada en las páginas. Andrés apresuradamente termina por abrochar el botón de su pantalón. Cree que es una instancia para mostrar los pocos atributos que posee. Le habla a Gustavo: “¿Cómo está la caña?” Pero no responde, está concentrado leyendo. Andrés se acerca un poco más y le hace una seña. Gustavo levanta la cabeza y lo ve. Justo frete a sus ojos. Es un cuerpo delgado haciéndole mímicas, por lo que se saca los audífonos. Andrés apenas termina esa acción le pregunta:
-¿Cómo se llama esa canción?
-Umnn déjame ver – dirige su reproductor hacia sus ojos – se llama: Footsteps es de Pearl Jam.
-Me gustó, la voy a bajar al tiro de la net – Establece con un tono seguro mientras se dirige a su computador.
-No es necesario – establece Gustavo – Yo te la paso, toma – mientras estira la mano para pasarle el reproductor.
-A todo esto, ¿qué hora es? – dice mientras recibe el reproductor lentamente con la clara intención de alcanzar a tocar la mano de Gustavo.
- Son como la una de la tarde, justo tiempo para ir a almorzar – establece con un tono calmado y dándose cuenta de la intención de Andrés.
-Uy, igual es un poco tarde ¿Porqué no me despertaste antes? – Mientras conecta el reproductor a su computador.
-¿Para qué te iba a molestar, a todo esto como estás de tus rodillas? – levanta una ceja y clava su mirada en las piernas de Andrés.
-Simplemente para que me molestaras pues, mis rodillas están bien, me duelen un poco, pero ya están mejor – copia todos los archivos de música incluyendo el del grupo en cuestión.
-Bueno entonces ¿qué me dices, vamos a almorzar juntos o tienes algo más que hacer? – Dice Gustavo con alegría, para Andrés es un ofrecimiento y por el cual no se puede negar – tengo una picada muy buena.
-Tú y tus picadas, ya me llega a dar miedo ir – Ríe haciendo alusión a sus rodillas – muy bien iré, pero esta vez no beberá nada de alcohol – establece mientras le devuelve el reproductor de música.
-Te va a gustar... no sólo la comida, también la música.
Caminan rumbo a la picada de Gustavo, la comida es buena y a Andrés le gusta, por lo que le pregunta de dónde conoce esos lugares, Gustavo explica que lo conoció la primera vez que salió a terreno por la universidad, es uno de los últimos lugares que sigue vivo después de tantos años. Le cuenta que se levantó temprano y que saludó a un ex compañero, que hablaron un poco y que se verán en uno de los días próximos. Andrés goza con lo dicho por Gustavo, es más, también desea conocer a Ignacio. De buenas a primeras le cae bien sin siquiera conocerlo. Gustavo establece una seguidilla de anécdotas que pasó junto a Ignacio en la universidad, Andrés se llena de risa, cada vez que lo hace sus ojos de hacen pequeños y su sonrisa un poco más grande. Esto revuela en la mente de Gustavo, y no es para mal, por el contrario, le agrada demasiado. Una vez terminado el almuerzo caminan rumbo a la hostal para descansar un momento.
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